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¿Por qué sufrimos? Detectando pensamientos irracionales

Si bien es cierto que hay circunstancias que nos provocan sufrimiento o malestar, como perder un trabajo, suspender un examen importante o terminar una relación; podemos observar que diferentes personas que viven una misma situación, no reaccionan de la misma forma frente a ella.

Según Albert Ellis (1913-2007), psicólogo fundador del Cognitivismo, sufrimos por la manera en la que interpretamos las cosas que nos ocurren, y no por las situaciones en sí mismas.

Ellis centra su teoría en la frase de Epícteto: «Las cosas en sí no atormentan a los hombres, sino las opiniones que tienen de ellas» y comienza a desarrollar desde 1955 su modelo psicoterapéutico, la Terapia Racional Emotiva (que más tarde se llamaría Terapia Racional Emotivo Conductual, TREC), terapia precursora de la psicología cognitiva cuyo objetivo se centra en detectar y modificar pensamientos irracionales que se producen de forma automática y cambiarlos por otros más flexibles y adaptativos, ya que son estos los que en realidad producen el malestar psicológico (Modelo ABC).

Cuando una persona se enfrenta a una determinada situación (A), la interpreta y desarrolla una serie de creencias sobre la misma (B). A partir de estas creencias se desarrollan las consecuencias (C), que resultan de la interpretación que la persona hace de la situación.

Estas creencias irracionales suelen ser más difíciles de detectar para la persona (normalmente pensamos que me tengo que sentir mal ante una determinada situación porque es negativa y todo el mundo tiene que reaccionar de la misma forma).

Según la TREC, el elemento principal del trastorno psicológico se encuentra en la evaluación irracional que la persona realiza con respecto a uno mismo; a otras personas; y a la vida y el mundo que le rodea.

Ellis llamaba a estas ideas “exigencias absolutistas” o “necesidades perturbadoras”, conceptualizadas a través de los “debo” y “tengo que” .Estas exigencias son siempre negativas ya que cuando no se cumplen (algo que ocurre habitualmente por su carácter rígido), los pensamientos que surgen siempre son negativos y no adaptativos: “es terrible”, “no lo puedo soportar”, “soy un inútil”,… los cuales siempre producen por supuesto, emociones negativas como la inutilidad, la frustración, etc.

De esta forma, estas exigencias absolutistas se agrupan en tres áreas:

  • Con respecto a uno mismo: “Debo hacer las cosas bien y merecer la aprobación de los demás por mis actuaciones”.

  • Con respecto a otras personas: “Los demás deben actuar de forma agradable, considerada y justa”.

  • Con respecto a la vida y el mundo: “La vida debe ofrecerme unas condiciones buenas y fáciles para que pueda conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo o incomodidad”.

En una formulación inicial, Ellis definió 11 ideas irracionales (posteriormente las condensaría en las tres áreas descritas).

  1. Es una necesidad extrema para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por cada persona significativa de su entorno.

  2. Para considerarme a mí mismo/a como una persona válida debo ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa que me proponga.

  3. Las personas que no actúan como deberían son viles malvadas e infames, y deberían ser castigadas por su maldad.

  4. Es terrible que las cosas no funcionen como a uno le gustaría.

  5. La desgracia y el malestar humano están provocados por las circunstancias externas, y la gente no tiene capacidad para controlar sus emociones.

  6. Si algo es (o puede ser) peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra, para estar preparado.

  7. Es más fácil evitar responsabilidades y dificultades de la vida que hacerles frente.

  8. Debo depender de los demás y necesito a alguien más fuerte que yo en quien confiar.

  9. Lo que me ocurrió en el pasado seguirá afectándome siempre.

  10. Debemos sentirnos muy preocupados por los problemas y perturbaciones de los demás.

  11. Existe una solución perfecta para cada problema y debemos hallarla siempre.

La TREC no considera que todas las emociones negativas sean disfuncionales ni todas las emociones positivas sean adaptativas; sino que las emociones positivas y negativas saludables (alegría, placer, dolor, tristeza,…) estarían asociadas a pensamientos racionales, mientras que las emociones positivas y negativas perturbadoras (prepotencia, ira, inutilidad,…) estarían asociadas a pensamientos irracionales.

Todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida (o incluso nos pasa frecuentemente) que “la vida no nos trata como merecemos”, que “tenemos mala suerte”, y nos comparamos continuamente con los que tenemos alrededor, pensando que la vida no es justa con nosotros o no valemos lo suficiente para poder alcanzar nuestros objetivos.

Así, en relación a los ejemplos que hemos puesto al principio, una persona que suspende un examen importante puede pensar “soy un inútil, nunca lo conseguiré” (pensamiento irracional), o bien que a pesar de que le molesta haber suspendido ese examen, tener un pensamiento más ajustado a la realidad del tipo “a veces las cosas me salen mal, aunque yo sea un buen estudiante”.

También hemos escuchado muchas veces a personas cercanas decir al terminar una relación “Sin mi pareja ya nada tiene sentido, no podré ser feliz solo”, cuando algo más realista y adaptativo sería un pensamiento del tipo “Me gustaría que mi relación hubiera funcionado bien pero seré feliz igualmente, aunque no tenga pareja”.

Estas interpretaciones erróneas sobre lo que nos sucede es lo que diferencia la reacción y el comportamiento de las personas que viven una misma situación. No quiere decir esto que haya personas que no lo pasan mal o sufren por un acontecimiento negativo (experimentan emociones negativas, pero saludables), sino que realizan una evaluación más objetiva sobre aquello que les ha ocurrido, por lo que son más eficaces buscando alternativas y soluciones.

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