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Fobia social: Algo más que timidez

15/12/2015

 

La fobia o ansiedad social es un trastorno que se encuentra clasificado dentro de los trastornos de ansiedad y se caracteriza porque la persona que lo padece presenta un miedo intenso a la valoración negativa por parte de los demás cuando se encuentra en diferentes situaciones sociales. Este miedo es reconocido por la persona que lo padece como excesivo e irracional y habitualmente se manifiesta en forma de ansiedad anticipatoria ante el evento temido. La angustia que le genera exponerse a estas situaciones produce un grave deterioro de su vida normal, afectando incluso a las tareas más básicas del día a día.

 

La fobia social puede ser específica, es decir, cuando el miedo se presenta en situaciones concretas y delimitadas; o generalizada, si los miedos incluyen la mayoría de las situaciones sociales.

 

 La prevalencia de esta fobia según algunos estudios realizados indican que afecta a entre el 1,5% y el 3,5% de la población general.

 

La edad de aparición de la fobia social generalizada suele ser a final de la adolescencia y principios de la edad adulta; mientras que la fobia específica suele aparecer más tarde.

 

 

Diferencia entre la timidez y la fobia social

 

A veces erróneamente decimos de una persona tímida que padece fobia social pero, aunque tienen muchas características en común, no se trata del mismo problema, ya que en la fobia social los síntomas se presentarán con mucha más intensidad.

El sufrimiento que padece la persona afectada de esta fobia ante la exposición a situaciones sociales es tan alto que intentará escapar o incluso evitar estas situaciones; mientras que una persona tímida, aunque sienta malestar será capaz de afrontar la situación.

 

Si bien es cierto que, con el tiempo, una persona tímida que no se expone a las situaciones que teme puede empeorar su problema y desencadenar en una fobia social. Esto es debido a que de forma progresiva va desarrollando pensamientos y conductas de evitación de las situaciones estresantes.

 

 

¿Cómo se manifiestan sus síntomas?

 

Las manifestaciones clínicas de la fobia social se pueden clasificar en tres tipos de respuesta:

 

- Respuestas fisiológicas: engloban a las manifestaciones fisiológicas dependientes de la activación inapropiada del sistema nervioso autónomo ante situaciones consideradas erróneamente peligrosas. Son las respuestas más evidentes para la persona afectada. Las más frecuentes son sonrojarse; temblor de voz y manos; palpitaciones; sudoración; sensación de micción; malestar gastrointestinal; sequedad de boca; y sensación de ahogo o falta de aire, entre otros. Estas respuestas son percibidas como el verdadero problema y son los síntomas más temidos por la persona que padece este problema.

 

- Respuestas cognitivas: se producen en forma de pensamientos e interpretaciones catastróficas sobre la propia actuación o su valoración por parte de los demás. Los pensamientos suelen ir en la dirección de “voy a hacer el ridículo”, “soy muy torpe”, “no lo voy a hacer bien”… En cuanto a la valoración por parte de los demás son comunes respuestas cognitivas del tipo “van a reírse de mi”, “van a decir que soy un inútil”, etc. Estas ideas catastróficas desencadenan las respuestas fisiológicas exacerbadas, que a su vez dan lugar a respuestas cognitivas más negativas aún.

 

- Respuestas motoras: son las llamadas respuestas de evitación o de escape, que se desencadenan para evitar la ansiedad que desencadena la situación temida. Normalmente, la persona con esta fobia hace todo lo posible por no acudir a situaciones donde cree que no va a estar a la altura o, en el caso de acudir, debido al malestar que le genera, tiende a escapar de dicha situación con alguna excusa. Asimismo, existen casos en los que se produce una respuesta de evitación pasiva, más difícil de identificar incluso por el paciente, y que se caracteriza por intentos inapropiados de alcanzar seguridad ante el afrontamiento de la situación. Algunos ejemplos de ello pueden ser evitar mirar a los ojos en una conversación por miedo a que detecten sus temores; delegar el grueso de la responsabilidad en otra persona (convertirse en “amigo sombra”), etc.

 

 

¿Cuándo debemos consultar con un profesional?

 

En general, las personas que presentan fobia social suelen consultar tardíamente, debido a que los síntomas que presentan son, en muchos casos, percibidos como algo “normal” para una persona tímida, tanto como por la propia persona, como para su entorno más cercano. Es cuando la evitación de las situaciones temidas se hace imposible o la presión social que siente la persona la sobrepasa, cuando tienden a consultar, ya que ven cómo se van aislando socialmente de forma progresiva.

 

En las personas con fobia social el tratamiento psicológico se basa en las terapias de reestructuración cognitiva y la exposición controlada y progresiva a las situaciones temidas. Las técnicas de relajación también son útiles para poder manejar la ansiedad a la hora de realizar la exposición a las situaciones sociales.

Por otro lado, siempre es importante valorar la posible existencia de hechos traumáticos en el pasado de la persona que hayan podido ser el origen de la fobia, para abordarlos de la forma adecuada.

Asimismo, debemos evaluar si la persona presenta o no déficit de habilidades sociales, que deberán trabajarse en consulta para su desarrollo adecuado.

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